Gracias niña, por decirme que sin mi no va a ser igual.
Gracias por que con tus limpiezas
también me limpiaste el alma,
y con tu sonrisa de luz y de maíz
contagiaste mi pequeño espacio.
Ahora, en mi partida abrupta
hacia la felicidad inconclusa,
deseo que tus manos de cacao
alcancen el amor que te enseñaron
pero que tus ojos silvestres
miren mas allá de los horizontes impuestos.
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